Tour de Auvernia (Antigua Dauphine Liberé) 2ª etapa
Abrir un espacio en blanco para hablar de ciclismo es, en el fondo, una declaración de intenciones. Es admitir que las tardes de sofá no son solo un pasatiempo, sino un territorio literario donde el esfuerzo y la carretera dictan su propia poesía. Inauguro este rincón rescatado del asfalto trayendo conmigo el recuerdo reciente de las batallas de la Vuelta femenina y conectándolo, casi sin transición, con este renovado Tour de Auvernia.
El estreno ha tenido esa atmósfera tan particular de las vueltas de una semana, donde no hay espacio para el sesteo ni las transiciones. La jornada comenzó plomiza y amenazante, dejándonos una primera mitad de etapa con los impermeables puestos sobre el maillot amarillo y azul del líder, Alex Baudin. Sin embargo, la tregua del cielo en el tramo final nos ha permitido disfrutar de un ciclismo limpio, rápido y sin concesiones camino de Le Puy-en-Velay.
Se nota en el ambiente que faltan los grandes capos. La ausencia de Pogačar o Vingegaard le quita a la carrera ese punto de tiranía robótica a la que nos están acostumbrando los tiempos modernos, pero a cambio nos regala un ciclismo más terrenal, más impredecible. También la cabina se siente extraña sin el contrapunto de Pedro Delgado; nos faltan sus despistes geniales en estas tardes donde la frialdad de los datos técnicos parece querer colonizarlo todo. Sin Perico, el ciclismo de junio pierde un poco de su vieja picaresca.
A falta de quince kilómetros, con Ben Healy vaciándose al frente de un pelotón impotente, la ventaja de la escapada ya dictaba sentencia. Fue en la cota de Saint-Vidal donde Anthon Charmig lanzó su órdago en solitario. El danés del Uno-X Mobility supo gestionar con maestría esos dieciocho segundos de agonía frente al grupo perseguidor. A sus 28 años —un chaval a ojos de quien ya peina canas, aunque en el pelotón actual parezca casi un veterano—, Charmig demostró una sangre fría formidable para aguantar el pulso y alzar los brazos en meta.
Atrás, el acelerón final del pelotón sirvió para neutralizar la minutada de la fuga y mantener el orden establecido. Alex Baudin conserva la preciada prenda amarilla y azul de líder, seguido en la general por dos jóvenes talentos que vigilan su estela a 32 segundos: el belga Ramses Debruyne y el prometedor francés Léo Bisiaux.
Las tres crónicas de las chicas que quedan guardadas en el archivo de este blog ya no están solas; hoy se les ha unido la astucia de Charmig en las carreteras de Auvernia y un podio provisional que mañana se someterá al implacable veredicto de la contrarreloj por equipos. La temporada no ha hecho más que empezar, y el cuaderno ya rueda a golpe de pedal.
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