Ciclismo: Mi afición intacta desde Bahamontes
Aquí estamos de nuevo con el ciclismo, una temporada más, en esta ocasión con el salitre de A Coruña todavía pegado a la piel tras una jornada de las que crean o, en mi caso, mantienen la afición. A mí la pasión nunca me ha abandonado desde los tiempos de Bahamontes y Anquetil, ¡y mira que ha llovido desde entonces! No es solo dar pedales; es una coreografía de estrategia y coraje que hoy ha tenido como escenario un paisaje que merece párrafo aparte.
Esta tierra verde y mágica que me conquistó hace años ha lucido hoy sus mejores galas. Es un verde que, por supuesto, compartimos con asturianos, vascos y tantos otros pueblos del norte de España que saben lo que es la mística del paisaje bravo. Desde la salida en Padrón hasta el Paseo Marítimo de A Coruña, el pelotón ha serpenteado entre valles húmedos que parecen guardar secretos ancestrales. Hay algo especial cuando los maillots chocan con el granito de los pazos y esa luz que solo el Cantábrico y el Atlántico saben regalar.En lo deportivo, hoy mi apuesta era clara: Katarzyna Niewiadoma. Al final, uno siempre acaba teniendo una favorita; sin ese favoritismo personal, la competición perdería gran parte de su interés. Aunque no las conozca de nada, más que de verlas correr unos cuantos días, uno se levanta del asiento ante sus ataques. Si antes era Vollering la referencia, ahora es Kasia Niewiadoma la que tiene que vencer a Pauline Ferrand-Prévot. Verla hoy lanzar dos latigazos furibundos ha sido un espectáculo de pundonor.
Y no puedo evitar reflexionar sobre el ciclismo femenino, tan vedado hasta hace bien poco por prejuicios absurdos. Aquello de que "parecen hombres" no se sostiene por ningún lado. Pues no, mire usted: no parecen hombres, parecen mujeres dándole a los pedales como el que más, con una técnica y una garra admirables. Hoy la victoria se la ha llevado la francesa Cedrine Kerbaol con una escapada de maestra, pero el alma de la etapa la ha puesto la polaca Niewiadoma. ¡A ver si la francesa aguanta el envite en las cumbres, porque yo lo tengo claro: ¡hurra por la polaca!
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